Seleccionar página

¿Eres de las personas que se sienten con hambre todo el día?

 

¿Consumes grandes cantidades de alimentos sin sentirte totalmente satisfecho? ¡Este artículo es para ti!

 

 

11 razones por las que tienes hambre todo el día

 

 

Existen muchas razones que pueden hacer que nuestro cuerpo nos pida más alimentos de los que realmente necesitamos y esto puede desencadenar problemas como sobrepeso y obesidad.

 

Es sumamente importante aprender a escuchar a nuestro cuerpo en cuestiones de apetito, y no dejarnos llevar por otros factores que pueden hacer que comamos de más (porciones grandes en restaurantes, falta de atención a la hora de comer, grandes periodos de ayunos, entre otras situaciones).

 

Me gusta decirles a mis pacientes algo que considero muy cierto “en el momento que aprendas a escuchar a tu cuerpo, respetes las señales de saciedad y lo nutras con alimentos reales, no volverás a tener problemas de sobrepeso”.

 

Nunca se trata de pasar hambre, menos aún cuando estás intentando bajar de peso, por eso es importante descubrir qué puede estar desencadenando esta sensación para corregirlo lo antes posible.

 

A continuación te presento algunas posibilidades:

 

 

  1. No consumes suficiente proteína

 

Los alimentos ricos en proteína son excelentes aliados para controlar nuestro apetito. El consumo de proteína aumenta la producción de hormonas que se relacionan con la saciedad y disminuye las hormonas que estimulan el apetito.

 

Además, las proteínas tardan más tiempo en digerirse que otros nutrimentos, por lo que al consumirlas te sientes satisfecho por más tiempo.

Puedes consumir proteína por medio de alimentos de origen animal como carne, pollo, pavo, pescado, cerdo, huevo, entre otros; o por medio de alimentos de origen vegetal, principalmente leguminosas como frijol, garbanzo, haba, lenteja o nueces y semillas.

 

 

  1. Consumes demasiados carbohidratos refinados 

 

Los carbohidratos refinados se encuentran en alimentos a los cuales se les ha removido la fibra, las vitaminas y los minerales. El mejor ejemplo es la harina de trigo, presente en alimentos como pan, galletas, pastas, etc. Los alimentos ricos en azúcar como refrescos, dulces, pan dulce, entre otros se consideran también carbohidratos refinados.

 

Debido a la falta de fibra, este tipo de alimentos se digiere sumamente rápido, por lo que el apetito regresa poco tiempo después de consumirlos.

 

Además, el consumo de carbohidratos refinados aumenta inmediatamente tus niveles de azúcar en sangre. Como consecuencia el páncreas libera insulina para normalizar dichos niveles. Cuando se liberan grandes cantidades de insulina, el azúcar de tu sangre baja rápidamente, lo que puede causar más apetito del que tenías antes.

 

Para evitar esta situación consume granos enteros ricos en fibra, vitaminas y minerales como arroz integral, avena, amaranto, quinoa, maíz, trigo sarraceno, etc.

 

 

  1. No consumes suficiente grasa

 

Al querer cuidar nuestro peso, muchas veces cometemos el error de limitar el consumo de grasa, lo cual puede ser un factor determinante para tu apetito.

 

Los alimentos ricos en grasa provocan una gran sensación de saciedad, ya que permanecen mucho tiempo en el estómago antes de ser digeridos.

 

Ojo, no te estoy diciendo que vayas por garnachas fritas, ni alimentos procesados altos en grasa. Hablo de alimentos ricos en grasa saludable como aguacate, nueces, semillas, huevo, pescados de agua fría (ricos en omega 3).

 

 

  1. No tomas suficiente agua

 

El consumo de agua natural es sumamente importante para todas las funciones de nuestro cuerpo, además de estar íntimamente ligado con nuestra percepción de saciedad.

 

Tomar agua nos ayuda a sentirnos más satisfechos, ya que ocupa espacio en nuestro estómago, pero sumado a esto, es común que la sensación de sed o deshidratación se confunda con apetito, lo que nos hace aumentar nuestro consumo de alimentos sin resolver nuestro problema.

 

¿Tienes hambre? Dale una pensada a la última vez que bebiste agua en el día y qué cantidad has consumido. Toma un vaso de agua natural y revisa cómo te sientes después de hacerlo.

 

 

  1. No consumes suficiente fibra

 

Los alimentos ricos en fibra, además de mejorar tu digestión, ayudan a controlar tu apetito. La fibra hace más lento el vaciamiento gástrico (paso de los alimentos de tu estomago a tu intestino), por lo cual los alimentos tardan más en digerirse y te dejan satisfechos por más tiempo. Además, la fibra ayuda a la liberación de hormonas que controlan el apetito.

Un buen consumo de fibra tiene otros beneficios relacionados con la prevención de enfermedades cardiovasculares, diabetes y obesidad.

 

Asegura un adecuado consumo de fibra incluyendo todos los días frutas, verduras, cereales enteros, leguminosas, nueces y semillas.

 

 

  1. No pones atención a tus comidas

 

Si tienes un estilo de vida complicado, trabajo, familia y otras responsabilidades, es probable que no les des a tus comidas el tiempo y espacio que se merecen.

 

Es muy común que las personas coman en el coche, en la oficina o en la escuela mientras hacen otras actividades que tienen pendientes. ¡Cuidado! El no poner atención mientras comemos se ha relacionado con tener más apetito, comer porciones más grandes y ganar peso.

 

¿Piensas que no tienes tiempo para comer? Revalora tu rutina y tus prioridades. Probablemente no puedes tomarte dos horas para comer tranquilamente y tener una amplia sobremesa. Pero te apuesto que si haces un esfuerzo puedes sacar de 15 a 20 minutos de tu día para comer sentado, tranquilo y disfrutando tus alimentos.

 

Date ese ratito para olvidarte de todo lo demás y disfruta de tu tiempo de comida, ¡te lo mereces!

 

 

  1. Comes demasiado rápido

 

Esta cuestión puede estar muy relacionada con la falta de tiempo para comer o simplemente con la costumbre de comer sumamente rápido sin masticar adecuadamente tus alimentos.

 

Diversos estudios relacionan la velocidad al comer con problemas de sobrepeso y obesidad. Las personas que comen despacio y mastican bien sus alimentos dan oportunidad a que el cerebro libere hormonas relacionadas con la saciedad, por lo que no necesitan comer grandes cantidades de alimentos para quedar satisfechos.

 

¿Tienes problemas de digestión? Empieza a cambiar la velocidad a la que comes. Recuerda que la digestión no empieza en el estómago sino en la boca. Es importante masticar bien los alimentos y dejar que las enzimas de la saliva actúen para degradarlos. Inténtalo, es muy probable que tu digestión mejore de manera importante.

 

Regálate unos minutos para comer despacio, masticando bien tus alimentos, percibiendo los diferentes sabores y disfrutando tu comida.

 

 

  1. Te comes tus emociones

 

Es muy común que cuando estamos tristes, deprimidos o enojados tenemos más antojos e incluso más apetito. Queremos consentirnos con alimentos que consideramos reconfortantes.

 

Mucho cuidado con esto, se vale tener antojos de vez en cuando, pero también es importante reconocer cuando estás comiendo por otra razón. Comerte tu enojo o tu tristeza no va a mejorar la situación, es probable que pueda hacerla peor.

 

Si estás en una situación como ésta, busca ayuda y maneras en las que puedas resolver tus problemas emocionales sin tener que utilizar la comida como escape.

 

 

  1. Estás sumamente estresado

 

Cuando estamos estresados se elevan nuestros niveles de cortisol, una hormona que aumenta el apetito y los antojos. Ésta es una razón muy común por la que puedes tener más hambre de lo normal.

 

Busca la fuente de tu estrés e intenta controlarla. Se que no siempre es fácil pero puedes utilizar técnicas de organización, meditación o respiraciones para sentirte más relajado.

 

 

  1. No estás durmiendo suficiente

 

Aunque no siempre lo valoramos, tener suficientes horas de sueño es indispensable para nuestra salud.

 

El sueño se relaciona con la función de nuestro cerebro y sistema inmunológico, y dormir pocas horas se ha relacionado con enfermedades crónicas como cardiovasculares, diabetes y cáncer.

 

Dormir lo suficiente, es un factor importantísimo para controlar tu hambre, ya que regula la grelina, una hormona estimula el apetito. La falta de sueño eleva los niveles de grelina, lo que hace que te sientas con hambre todo el tiempo.

 

De nuevo, revisa tus prioridades, procura organizarte y establecer horarios para dormir lo suficiente. Además de sentirte con más energía, tu apetito estará bajo control.

 

 

  1. Tienes horarios desordenados

 

El desayunar a medio día, picar entre comidas, tener ayunos prolongados y no tener horarios fijos para hacer tus alimentos puede ser la razón por la que tienes hambre todo el día.

 

Es difícil para tu cuerpo asimilar tus alimentos y generar sensación de saciedad cuando tu alimentación es tan desordenada.

 

Procura organizar tu día previamente y tener horarios establecidos, no tienes que ser demasiado estricto, pero es importante evitar ayunos muy largos o estar picando sin darte ni cuenta lo que comes. Procura comer a la media hora después de levantarte y no tener ayunos de más de 4 horas.

 

 

¿Te relacionas con alguna de estas situaciones?

 

¡Compártelo por favor en los comentarios!